numero  49  aprile 2004Indice articoli in lingua originale

LAS ELECCIONES EN ESPAÑA: "ZAPATERO NO NOS FALLES"
Antonio García Santesmases  

Las elecciones celebradas en España el 14 de marzo del 2.004 provocarán en el futuro gran cantidad de análisis, ensayos, libros y tesis doctorales. Será un tema que provocará muchas interpretaciones porque es un hecho nuevo ir a votar sólo tres días después de una masacre como la producida en Madrid el 11 de marzo del 2.004. Las estremecedoras imágenes que todos tenemos en nuestra mente y el resultado electoral inesperado para la gran mayoría provocarán ríos de tinta.
Vayamos, en primer lugar, con los números para comparar los resultados de marzo del 2.004 con los producidos cuatro años antes.

 ELECCIONES DEL 2.004ELECCIONES DEL 2.000
 EscañosVotosPorcentajeEscañosVotosPorcentaje
PSOE16410.907.53042,64%1257.91875234,16%
PP1489.628.20137,64%18310.321.17844,52%
CIU10829.0643,24%15970.4214,19%
ERC8649.9992,54%1194.7150,84%
PNV7417.1541,63%7353.9531,53%
IU51.269.4474,96%91.383.3335,96%
CC3220.5430.86%4248.2611,07
BNG2205.6130,80%3303.2661,32%
Ch A193.8650,37%175.3560,33
EA180.6130,32%1100.7420,43
Na Bai160.6450,24% 
PA-181.1650,71%1206.2550,89



1) ANTES DEL ATENTADO.
La participación fue en el 2.004 del 77,21% mientras en el 2.000 fue del 69,98%. A partir de estos resultados algunas consideraciones parecen claras. El partido popular no sufre una derrota estruendosa. Unicamente pierde unos 600 mil votos. Conserva, a pesar de todo lo ocurrido, más de 9 millones y medio de votantes. No hay pues ni pérdida significativa de votos ni transvase a otro partido. El partido socialista tiene tres millones de votos más. La pregunta es de dónde vienen: muy pocos del Partido popular( unos 300 mil) muy pocos de Izquierda Unida( otros trescientos mil) y muchos de los abstencionistas de izquierda y de los nuevos votantes. A lo largo de la elección parecía claro que muchas personas que votaban por primera vez se encontraban con la duda de qué hacer. Estabamos ante una campaña en la que no se producían debates entre los dos candidatos. Esa situación de indefinición se va a romper con el salvaje atentado perpetrado el 11 de marzo. Ha sido señalado por muchos que es el atentado el que produce una reacción ciudadana que decanta el resultado electoral. La pregunta que debemos hacernos es si es el atentado mismo o la gestión del atentado por parte del gobierno. Días antes de la elección se especulaba continuamente con la posibilidad de que Eta irrumpiera en la campaña electoral. El tema había estado presente a lo largo de la campaña por la entrevista producida entre el secretario general de Esquerra republicana de Cataluña J.L Carod Rovira y la cúpula de Eta. Los medios de comunicación de la derecha se habían apresurado a decir que Carod Rovira había pactado que Eta no produjera atentados en Cataluña. Había garantizado la seguridad de los catalanes al precio de aumentar la inseguridad del resto de los españoles. Cuando Eta comunicó que no pensaba atentar en Cataluña, aunque dijera que esta decisión nada tenía que ver con la entrevista con Carod Rovira, el gobierno español salió en tromba para ratificar sus anteriores informaciones. Carod Rovira había pactado con Eta la seguridad de Cataluña al precio del aumento del peligro para el resto de los españoles. Una semana antes del final de la campaña las fuerzas policiales logran detener un comando de Eta que se dirigía hacia la capital con una cantidad enorme de explosivos. De nuevo el ministro español llegó a decir que el Señor Carod Rovira estaría contento de que el atentado que había sido impedido se fuera a perpetrar en Madrid y no en Cataluña. La campaña subió de tono y Carod Rovira llamó miserables a los miembros del gobierno.
En este clima parecía que estabamos en las elecciones de Carod Rovira. ¿ Pero quien es Carod Rovira?. Parece conveniente decir alguna cosa, antes de continuar. Cuando se conoció la entrevista de Carod Rovira con la cúpula de Eta este político catalán tuvo que dimitir como ministro del gobierno catalán. Fue entonces cuando decidió encabezar la candidatura de su partido a las elecciones generales. Si el lector repasa los resultados observará que su partido ha aumentado de 1 a 8 escaños. La política de confrontación del partido popular no ha hecho sino reforzarlo. Pero antes de adelantar conclusiones volvamos a nuestro relato.

2) ¿ QUIEN HA SIDO?
Era tal el clima de agotamiento, de ansiedad, de horror, que provoca Eta, que en las primeras horas de aquel terrible jueves de marzo, muchos pensaron que era Eta la que había cometido la masacre. Lo pensó el presidente del gobierno vasco, el presidente del gobierno catalán, los directores de los periódicos, muchos analistas y la inmensa mayoría de los ciudadanos. Algunos elementos, sin embargo, no cuadraban. En primer lugar por primera vez se había producido una condena por parte del brazo político de Eta y de su máximo representante el Señor Otegui. En segundo lugar el periódico más cercano a las tesis de Eta, el diario Gara, publicó un editorial el viernes 12 de marzo que era una condena sin paliativos del atentado. Hasta ahora ambos lamentaban los atentados pero se cuidaban mucho de condenarlos al considerar que eran el coste inexorable que había que pagar por la pervivencia del conflicto del pueblo vasco con el Estado Español .
Así como el comunicado de Eta anunciando que no pensaba atentar en Cataluña tras el triunfo del gobierno de la izquierda fue difundido por todos los medios de comunicación. Estos dos comunicados eran minusvalorados y a lo sumo se informaba de que eran unos miserables los que dieran credibilidad a las palabras de Otegui o a los editoriales de Gara. El gobierno del partido popular olvidaba así que él mismo había dicho días antes que “Eta mata pero no miente”. Todos estos elementos y la impresión en los medios internacionales de la autoría correspondía al terrorismo islámico fueron provocando una enorme ansiedad entre los ciudadanos. Llegamos así a la gran manifestación del 12 de marzo viernes. Apenas habían pasado 24 horas y un grito fue atravesando las gargantas de muchos manifestantes, un grito que era una pregunta ¿Quién ha sido?. El lema de la manifestación era “Contra el terrorismo. Por la Constitución” pero la duda estaba sembrada. Muchas personas iban rumiando en silencio acerca de la autoría del atentado y penaban si estabamos ante un fenómeno inesperado, sorprendente, donde España se encontraba de pronto en el centro de un huracán que no había previsto.
Jose Maria Aznar había “vendido” la participación de España en la guerra de Irak como una estrategia imprescindible para lograr que Estados Unidos asumiera un aval a la lucha española contra el terrorismo de Eta. Cuando se logró que Eta y Batasuna formaran parte de los grupos terroristas Aznar pronunció aquella frase enigmática “Algunos entenderán ahora la necesidad de determinados gestos”. Dicho de otra manera el gesto del gobierno español de avalar la estrategia de Bush venía recompensado por el apoyo que éste prestaría, a partir de ese momento, a la política antiterrorista española. Evidentemente esa estrategia tenía un coste pero para la mayoría de los analistas era un coste moral. Se estaba avalando una guerra injusta, ilegal e inmoral, una guerra extraña donde no aparecían las famosas armas de destrucción masiva. Una guerra donde oscuros intereses vinculados a las grandes industrias petroleras estaban en juego. Todo esto se decía una y otra vez en las manifestaciones pero ni por asomo se pensaba que España acabara siendo el eslabón más débil de los que formaron la coalición de las Azores y fuera a ser objeto de una masacre como la ocurrida el 11 de marzo.
El problema a la altura del viernes 12 de marzo es que eran muchas las dudas que estaban instaladas en el ánimo de los votantes: ¿ Quién era el causante: Eta o el terrorismo islámico?.
Esta campaña electoral se había polarizado en torno a los dos puntos débiles de los partidos mayoritarios. El partido popular sabía que el punto débil de los socialistas era su concepto de España. El concepto de una España plural, de una forma distinta de entender España, de una España que se encamina hacia el federalismo con toda la complejidad que tiene este tránsito para un país en el que conviven distintas naciones. Todo ello formaba un proyecto intelectualmente atractivo pero era demasiado complejo y abstracto para un parte de los votantes. Era un discurso que calaba en determinados sectores intelectuales, que tenía un apoyo indudable en Cataluña (como se ha visto por el resultado de las elecciones) pero que levantaba muchas suspicacias en muchos sectores del electorado que veían claridad, firmeza, contundencia, en las posiciones del partido popular. Si el atentado hubiera sido de Eta Aznar habría sacado toda la artillería mediática para mostrar que no era el momento de experimentos, que se necesitaba revalidar la mayoría absoluta del partido popular para que no hubiera ensayos ni locuras. Ese era su lenguaje y su proyecto pero no lo decía, estaba callado, todo apuntaba a que se ocultaba la información, a que quizás el autor del atentado era otro y se quería retrasar el conocimiento de los hechos hasta que pasaran las elecciones. Se quería llegar como fuera al lunes 15 para ir dando a conocer las investigaciones policiales en torno a una trama vinculada al terrorismo islámico.
Este comportamiento provocaba una gran sorpresa en las cancillerías europeas y especialmente en Gran Bretaña y en Estados Unidos. Tanto Blair como Bush estaban deseando salir a los medios para mostrar que estabamos en la era del megaterrorismo, que todos podíamos ser objeto de un atentado y que por tanto el 11 de marzo británicos y norteamericanos se sentían madrileños y agradecían al gobierno español su valor a la hora de acompañar a los Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo. Querían emitir ese mensaje pero no podían porque Aznar se empecinaba en decir a sus embajadores que afirmaran que era Eta; en exigir a Naciones Unidas que incluyera a Eta en la resolución condenando a los atentados y llamaba a los directores de los medios de comunicación y a los corresponsales extranjeros para que no tuvieran duda acerca de la auténtica autoría del atentado.

2) DECIR LA VERDAD.
Las horas vividas el sábado 13 fueron trepidantes. El público seguía rumiando sus dudas pero a partir de un momento las filtraciones policiales a los medios de comunicación y el trabajo de las cadenas de radio (singular y especialmente de la Cadena Ser) fueron propiciando una movilización en torno a la sede del partido popular. Esta elección, o al menos el vuelco que decanta el resultado, se podría resumir en tres frases. El viernes 12 los manifestantes le interrogan al gobierno preguntando”¿ Quién ha sido?”; en la tarde del sábado ya no hay preguntas, estamos ante una exigencia: “Decir la verdad”; el domingo 14 cuando se conozcan los resultados muchos de esos manifestantes le pedirán al vencedor “Zapatero no nos falles”.
La exigencia del sábado provoca una manifestación, sin precedentes en una jornada de reflexión, ante la sede del partido popular; provoca, igualmente, la intervención en Televisión del candidato del partido popular exigiendo la retirada de los manifestantes de su sede y provoca igualmente la contrarreplica del partido socialista. En todo este conjunto de mensajes la duda del electorado comienza a ser total. En un partido del futbol aquella misma tarde una pancarta sigue pensando en la autoría de Eta y proclama “España no se rinde”, a la misma hora muchos jóvenes manifestantes recorren las calles exigiendo saber la verdad antes de las elecciones.
El hecho es que cualquier incidente con las fuerzas policiales podía haber provocado una excitación emocional aún mayor. Llegó el domingo y nadie sabía lo que iba a ocurrir. Y con ello volvemos al inicio de nuestro análisis. El partido popular aguantó muy bien y perdió muy pocos votos pero la catarsis vivida provocó que miles y miles de votantes vivieran que en democracia hay momentos en que es imprescindible echar a los que nos gobiernan. Derribar un gobierno de forma incruenta es una de las grandes conquistas que permite la democracia y se produjo en España el pasado 14 de marzo.

3) "ZAPATERO NO NOS FALLES"
A partir de ahí es interesante constatar que los que pierden las elecciones tratan de condicionar el resultado insistiendo que el mandato de Zapatero debe ser desoído porque es indeseable. Veámoslo. De pronto en pocas horas nadie vuelve a hablar de Eta y todo se centra en afirmar que sería una irresponsabilidad por parte de Zapatero ordenar la retirada de las tropas españolas en Irak. Sería tanto como conceder que los terroristas tienen razón y que hay que bajar la cabeza y desistir de enfrentarnos a su poder. Digamos que mientras los jóvenes manifestantes, decisivos para su victoria, le dicen a zapatero “ No nos falles”; los que han perdido quieren que Zapatero ratifique sus decisiones y siga apoyando la estrategia norteamericana en Irak.
Como decíamos anteriormente Aznar vendió la participación española en la guerra como una forma de garantizar para España el apoyo norteamericano en la lucha contra Eta. Al final de su gobierno los españoles se encuentran con que tiene no un peligro terrorista( Eta) sino que además deben hacerse a la idea de ser objetivo del terrorismo islámico.
Pero el hecho es que España no ha debatido con profundidad acerca de este tema. Han analizado el problema algunos intelectuales, se han publicado muchos libros, se han realizado muchos debates en los centros de investigación, pero para la mayoría de la población estamos ante un hecho completamente sorprendente. España no estuvo en la primera guerra mundial, no estuvo en la segunda guerra mundial, siempre presumió de su gran amistad con los países árabes y de pronto el alineamiento incondicional de Aznar la lleva a ser objetivo prioritario de los grupos terroristas islámicos. En un país donde además se produjeron manifestaciones impresionantes en contra de la guerra.
Este cambio en la política exterior española ha provocado que la expectación sea enorme dentro y fuera de España. España de pronto ha sido noticia porque ni se la esperaba en la coalición de la guerra contra Irak; ni nos imaginábamos que se produciría aquí la primera gran masacre en Europa; ni nos imaginábamos un vuelco electoral en tan pocas horas; ni sabemos lo que ocurrirá en el futuro con el mandato de los electores.
Algunas cosas sí parecen claras. Por primera vez España se sacude la inercia de pensar que ante sus problemas internos Europa siempre es la solución. Los españoles se dan cuenta de que Europa misma es un problema y hay que elegir. Dos posiciones se decantan.
La primera es la que ha defendido el gobierno Aznar que partía de un apoyo incondicional a la administración Bush y de un alineamiento con el gobierno de Blair y con la denominada “Nueva Europa” (la formada por los antiguos países del Este) frente a la “Vieja Europa” ( formada por Francia y Alemania). El gobierno de Berlusconi y el gobierno portugués también apoyan a la “Nueva Europa” pero todo ello puede cambiar en el futuro. Los observadores internacionales deberían tener en cuenta que la promesa de retirar las tropas de Irak si Naciones Unidas no se hace cargo de la situación es una promesa que Zapatero hizo a lo largo de la campaña antes de los atentados. La imagen grotesca de que ante el terror los españoles quieren rendirse y salir corriendo siendo insolidarios con todos los demás países occidentales, en una imagen interesada de los que quieren seguir contando con un peón fiel, satelizado, que no tenga ninguna opinión propia.
Fue un gran mérito de Zapatero proclamar su No a la guerra de Irak antes de que se pronunciara el Consejo de Seguridad, antes pues de que Francia y Alemania, Chile y Mexico dijeran que no a la política de Bush pero para tener algún margen de maniobra es imprescindible que el nuevo gobierno socialista pueda afianzar una alianza con los países europeos que propicien una Europa que no quede sometida a la estrategia norteamericana. El equipo de Zapatero ha puesto encima de la mesa las tradicionales cartas de la política exterior española: europeísmo; respeto a Naciones Unidas y diálogo con el mediterráneo para propiciar un cambio en la orientación de la política de Aznar. Algunos de los colaboradores más directos de Zapatero como Miguel Angel Moratinos, del que se habla como posible ministro de asuntos exteriores, tienen una gran experiencia en todos estos temas, especialmente en el conflicto de Oriente Medio en el que ha operado como representante de la Unión Europea.
Zapatero sabe que a partir de ahora va a estar sometido a una doble presión. Por un lado al recuerdo de los manifestantes que le piden “Zapatero no nos falles” y por otro de la administración norteamericana y británica que van a presentar el cumplimiento de su mandato como una victoria de los terroristas islámicos. No podemos olvidar que a favor del cumplimiento del mandato están también los electores de Izquierda unida y de los partidos nacionalistas de izquierda que han participado en todas las manifestaciones contra la guerra y en los distintos foros antiglobalización. Todos ellos no querrían ver repetidos los tristes giros a los que han sido tan propensos los partidos de centro-izquierda al ser capaces de desmentir en su acción de gobierno las mejores promesas de su época de oposición.
Diríamos para terminar que pocas veces en la vida un gobernante se encuentra con el hecho de que por ser fiel a sus principios ha conseguido una victoria electoral. Eran muchos los que dentro de su partido consideraban que Zapatero se había equivocado en tener una posición contundente contra la guerra de Irak y todavía más los que dudaban del acierto de apoyar inequívocamente al gobierno catalán. El gran triunfo de las fuerzas que forman el gobierno tripartito en Cataluña marca el segundo gran mandato que le dan los electores a Zapatero. Hay que pensar y articular España de otra manera. Aznar deja tras de sí una estela de tensión, de confrontación, de polarización con todo lo que es distinto a su pensamiento. Aznar se ha lanzado a formular un neonacionalismo españolista que ha tenido mucho de excluyente, de intolerante y de sectario. Y en un país como España tan peligrosos son los separatistas como los separadores. El gran mérito del gobierno catalán es aunar a los nacionalistas catalanes y a los socialistas, a los inmigrantes y a los autóctonos, es mostrar que la complejidad, el mestizaje y la transversalidad son posibles y deseables. Aznar ni lo supo ni lo quiso ver y los electores catalanes se lo han hecho saber con una severa derrota.
En fín parece claro para terminar que iniciamos una nueva época. Todo estaba preparado para asistir a una larga época de hegemonía conservadora. No has sido así. La terrible masacre del 11 de marzo y la gestión de la crisis por parte del gobierno han provocado el vuelco electoral. Muchas incógnitas se abren a partir de este momento pero el nuevo presidente del gobierno difícilmente podrá olvidar el grito de esos jóvenes que rodeaban la sede de su partido para pedirle, para exigirle, que no les falle. Ellos vivían la victoria del Psoe como cosa propia y tenían buenas razones para pensar que estaban en lo cierto.

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