EL LABERINTO VASCO
Manuel Monereo Pérez
Presidencia Federal de IU
1. Para entrar en buenas condiciones en el laberinto
Para situarse en condiciones aceptables ante un laberinto sería necesario tener un mapa de él o algunas indicaciones, que nos permitieran ir construyendo, conforme se avanza, el recorrido, las claves, para encontrar las salida.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que España es un estado plurinacional, con tres naciones históricamente definidas (Euskadi, Cataluña y Galicia), que conquistaron un estatuto propio durante la II República (1931 - 1939). Hay que señalar también que en las propuestas políticas de los partidos de la izquierda española (PCE, PSOE) y en la de los partidos nacionalistas, catalanes, vascos y gallegos, se defendía, con toda claridad, que la conquista de la democracia española implicaría, como mínimo, la vuelta a los estatutos de 1936. Se puede decir que uno de los costes más sobresalientes del tipo de transición democrática que hubo en España fue, justamente, el hecho de no reconocer estos derechos históricamente reconquistados.
Desde otro punto de vista, conviene tomar nota de que la lucha política y social antifranquista en el País Vasco fue más radical y más mayoritaria que en el resto de España y con un contenido nacional muy preciso, a lo que contribuyó, sin duda, la presencia de una organización armada como ETA que tenía, en ese momento, un apoyo social amplio más allá de los límites del nacionalismo. Mientras que en Cataluña o Galicia no tuvieron grandes dificultades para resituarse en el marco de una transición democrática, ordenada y dirigida desde los sectores reformistas del régimen y las fuerzas moderadas de la oposición democrática, en Euskadi el asunto fue mucho más difícil, hasta el punto de que el referendum constitucional dio como resultado un rechazo mayoritario en el País Vasco, aunque el estatuto de autonomía, pactado por el gobierno central y el vasco, fue aprobado por mayoría. Este déficit de legitimidad constitucional marca muy bien las dificultades de engarce entre Euskadi y España.
2. Situándonos sólidamente en el laberinto
La especificidad vasca se expresa también en la relación de fuerzas políticas y sociales, claramente diferenciadas del resto del estado español, incluidas las nacionalidades históricas. En primer lugar, aparece una mayoría nacionalista articulada en tres fuerzas políticas: Partido Nacionalista Vasco (PNV), Eusko Alkartasuna (EA) y Herri Batasuna (HB) - Euskal Herritarrok (EH, plataforma electoral de HB desde 1998), vinculadas a ETA. En las últimas elecciones vascas (1998) los votos a estas tres fuerzas supusieron casi el 54% del total.
En segundo lugar, se ha ido configurando, conforme los atentados de ETA se han ido generalizando tras el final de la tregua, un bloque en torno al Partido popular (PP) y al Partido Socialista (PSOE), cada vez más hostil al nacionalismo, al que tiende a situar en el mismo plano y que se autotitula como "constitucionalista". La suma de los votos que obtuvieron en el año 98 supone el 41% del total.
En tercer lugar, Ezker Batua - Izquierda Unida (EB - IU), situada en una "tercera vía" frente a ambas posiciones defiende un proyecto federalista de izquierdas; su resultado en el 98 fue en torno al 6%.
Dos cuestiones conviene subrayar, primero el crecimiento espectacular del PP que se ha configurado como la segunda fuerza política vasca (20%), detrás del PNV (28%) lo que supone una novedad radical. En segundo lugar, las dificultades crecientes de HB/EH que ha pasado de ser la fuerza que capitalizó la tregua de ETA (en el año 98 alcanzo cerca del 18% de los votos a costa, fundamentalmente, de los nacionalistas moderados y de EB - IU) a ser la organización que está recibiendo el rechazo de las demás fuerzas políticas y de los medios de comunicación por no diferenciarse de ETA.
3. En el laberinto
En cierto sentido se puede decir que las próximas elecciones del 13 de mayo están siendo planteadas, especialmente por el gobierno del PP, como definitorias de una nueva etapa histórica, marcada por el paso de las fuerzas nacionalistas a la oposición y el triunfo de los partidarios del llamado "bloque constitucionalista". La campaña electoral, que comenzó hace ya mucho tiempo, está reflejando una bipolarización política que, en muchos sentidos, es artificial y que oculta la existencia de proyectos muy diferentes, tanto en las fuerzas nacionalistas como en las españolistas.
El PNV, uno de los partidos más viejos del estado español (fundado en 1895) es formalmente un partido demócrata - cristiano con anclajes muy sólidos en el movimiento obrero vasco (su sindicato hermano ELA - STV es el mayoritario en Euskadi con un 40% de representación sindical), en la sociedad civil (es un auténtico partido de masas) y en la iglesia católica, a lo que hay que añadir una presencia muy viva en la parte de la intelectualidad ligada a la lengua y la cultura vasca. El PNV, en el último período ha sufrido una radicalización, en sentido independentista, motivada por tres fenómenos ligados entre sí: el giro "centralista" del PP, el intento de hegemonizar al conjunto del nacionalismo vasco frente a HB, sobre todo tras el fin de la tregua de ETA y las posibilidades abiertas por una Unión Europea donde pudiesen consolidarse los derechos históricos de los pueblos sin estado como el vasco.
La clave para el mundo nacionalista moderado ha sido y es conseguir una nueva tregua de ETA y el inicio de un diálogo político encaminado a pacificar a la sociedad vasca y a ampliar los márgenes actuales de autogobierno, incluido el ejercicio del derecho a la autodeterminación.
Otro proyecto claramente diferenciado es el del PP que hasta el presente ha sabido atraerse al PSOE en condiciones siempre difíciles. El proyecto del PP refleja una voluntad histórica de sustituir la hegemonía que tradicionalmente había detentado el PNV en el bloque dominante vasco y en la sociedad. Se trataría de ir desmontando, desde el poder, el entramado político--institucional en torno al nacionalismo y reconstruir, sobre nuevas bases, la realidad social vasca, centrándola en una modernización neoliberal al calor de los cambios que se dan en Europa.
Lo decisivo de esta posición es que parte de un supuesto negado por la realidad, al menos tal y como la conocemos hasta hoy: la inexistencia del problema vasco. Lo que realmente existiría es un problema de terrorismo que habría que resolver, fundamentalmente, con medidas policiales y represivas, aislando socialmente no sólo a HB sino también al nacionalismo moderado. No es casualidad que, para esta tarea, José María Aznar haya designado como candidato del PP a su ministro de Interior, un conocido representante de la burguesía vasca de tradición españolista.
El proyecto HB/EH que defiende ETA, tiene como objetivo el ejercicio del derecho de autodeterminación por parte del pueblo vasco, con una perspectiva netamente independentista. Para ello, se buscaría, de un lado la articulación de un "frente nacional" con el nacionalismo moderado y, de otro, un acuerdo político entre ETA y el gobierno español, apoyado por un amplio consenso vasco. El activo articulado en torno a ETA ha crecido mientras que, previsiblemente, su apoyo electoral decrecerá. Una parte nada desdeñable de la juventud vasca no sólo está dispuesta a apoyar públicamente a ETA militar sino que muestran una gran proclividad a ser parte de la propia estructura armada. El dato novedoso y políticamente más relevante es la incorporación a ETA de nuevas generaciones sin la preparación ideológica, política y militar de las anteriores. Los cuadros veteranos de la organización o han muerto o están encarcelados y los jóvenes que los han sustituido radicalizan su militarismo y sus comandos son desarticulados con una frecuencia y una magnitud desconocidas hasta el presente. Todo ello en un contexto de nuevas estrategias, de lucha callejera (kale borroka), donde se practican "ataques de baja intensidad" y que son el caldo de cultivo de nuevas levas para la organización armada.
EB - IU es una fuerza minoritaria que, sin embargo, ha mantenido un proyecto propio basado en tres elementos fundamentales: la denuncia sin ambigüedad del terrorismo, el diálogo político como único mecanismo real de salida del conflicto vasco y la perspectiva de un estado federal donde quepa la especificidad de Euskadi, acompañado todo ello de un esfuerzo por situar la cuestión social y el eje izquierda/derecha en el marco del debate político identitario. EB - IU busca, sin mucho éxito, crear un tercer espacio junto a organizaciones sindicales y pacifistas que posibilite espacios de racionalidad, de convivencia y de debate ante una realidad artificialmente polarizada.
4. Salidas
En todo laberinto hay salidas que son verdaderas y otras que son falsas, confundirlas es condición de las reglas de juego de un laberinto que se precie. La campaña electoral va a ser tremendamente dura y sin ningún tipo de matiz; excluyente en los términos y con asesinatos en medio del debate. Las encuestas dan resultados ajustados, con una polarización que tiende a arruinar a cualquier otro referente. Las salidas, las posibles combinaciones, van a depender mucho de la campaña electoral. Un gobierno vasco "constitucionalista" se enfrentaría, de un lado, a una realidad social y política muy conflictiva, sobre todo si desde el poder pretende criminalizar al conjunto del nacionalismo, de otro, a las dificultades para consolidar un gobierno PP - PSOE en Euskadi mientras que en el resto de España el PSOE pretende recuperar el gobierno perdido en 1996 y por último a la actividad de ETA.
Por su parte, un gobierno nacionalista se enfrentaría al problema, no sólo, de la oposición PP - PSOE sino a un pacto muy difícil con HB/EH, donde sus exigencias irían mucho más allá de lo que hoy el PNV está dispuesto a admitir, a pesar de sus excesos verbales.
Cabrían otras opciones, gobierno de concentración o la reedición de una vieja práctica de gobierno PNV - EA - PSOE. A EB - IU, si mantiene sus expectativas y a pesar de ser una fuerza minoritaria, previsiblemente le cabría una enorme responsabilidad: tener los parlamentarios suficientes para definir unas u otras mayorías. Desde Izquierda Unida apostamos por una salida que rompa los frentes existentes y que posibilite un giro social y político a la izquierda.
Todo esto lo sabremos después del 13 de mayo.