Number   30   July-August 2002 Articles in original language



LA PRIMERA HUELGA GENERAL CONTRA AZNAR
Manuel Monereo
Presidencia Federal de IU
 

1.- Se veía venir. La durísima respuesta del gobierno de Aznar y de su entorno mediático a la convocatoria de Huela General, realizada por los sindicatos de clase (CCOO y UGT), fue el preludio de un conjunto sistemático de tergiversaciones, descalificaciones y presiones contra el derecho constitucional de Huelga, en íntima connivencia con la patronal, con el objetivo de impedir, pura y simplemente, que los trabajadores manifestaran su oposición a las medidas del gobierno.

Lo primero que hay que subrayar es que la Huelga General ha sido un éxito, más allá de las mentiras y de las groseras manipulaciones que el gobierno de Aznar realizó. Basta leer las crónicas de los corresponsales extranjeros y de la poca, desgraciadamente, prensa independiente española y, sobre todo, tener ojos y oídos, para conocer las grandes dimensiones del paro, su calado social, así como las enormes manifestaciones, con centenares de miles de trabajadores en la calle, realizadas por toda España para poder acusar al gobierno de Aznar de ser el más mentiroso gobernante de la reciente historia española.

Pero empecemos desde el principio.

2.- Como es sabido, la Huelga se convocó por la decisión unilateral del gobierno del PP de poner en práctica un conjunto de medidas sociolaborales que no habían sido, como era habitual hasta el presente, negociadas previamente con los sindicatos y que suponen una agresión extremadamente fuerte a conquistas históricas y a derechos conseguidos por el movimiento obrero en España. No es esta la sede para dar cuenta detallada de todo el abanico de medidas decretadas por el gobierno. Señalar que éstas están dirigidas a flexibilizar aún más el uso temporal y espacial de la fuerza de trabajo; abaratar sustancialmente el despido y continuar en la precarización creciente de las relaciones laborales; desproteger significativamente a los trabajadores desempleados y suprimir, de hecho, el derecho al subsidio por desempleo a los trabajadores agrícolas de Andalucía y Extremadura.

El presidente Aznar había hecho de su política de acuerdos con los sindicatos uno de los pilares de su estrategia económica, que no sólo garantizaba la paz social (que ha durado más de seis años), sino que ha sido presentada por el PP como uno de los rasgos que lo definían como fuerza política centrada, moderada y que, sin duda, le ha dado grandes resultados electorales.

Para entender el porqué de estas medidas decretadas por el gobierno de Aznar hay que tener en cuenta, al menos, tres datos: 1) el empeoramiento de la situación económica; 2) el retorno del conflicto social y 3) la consolidación del PP.

Después de un ciclo económico internacional muy positivo y en el que se ha insertado España creciendo un punto por encima de la media europea, todas las noticias que llegan a la opinión pública y al gobierno son negativas. Crece el paro, se desacelera el crecimiento, la inflación parece descontrolada y el déficit exterior, a pesar de la desaceleración, sigue siendo preocupante. A todo ello hay que añadir que la bolsa ha caído a niveles de 1998. Las consecuencias de este cambio de ciclo, en plena aplicación de las políticas de estabilidad y de la puesta en práctica del euro sobre las políticas sociales y de gestión de la fuerza de trabajo, pueden ser extremadamente graves. Baste señalar como ejemplo que casi un tercio de la fuerza de trabajo ocupada lo es en condiciones de extrema precariedad laboral y que cualquier amenaza de deterioro de la economía, podría llevar a millones de trabajadores, en muy poco tiempo, al paro y a las listas de desempleo. El gobierno ha actuado de forma inmediata, primero, modificando las estadísticas de la encuesta base de la población activa, disminuyendo por decreto con respecto a la encuesta, anterior, en torno a un 3% de desocupados. Segundo, el conjunto de mediadas que se acaban de señalar y que han sido la causa de la Huelga.

Otro asunto tiene mucho que ver con el retorno del conflicto social. El gobierno, en esta parte final de la legislatura, está aplicando ya su verdadero programa neoliberal, lo que ha provocado resistencias, especialmente notables en torno a la reforma universitaria y de la enseñanza obligatoria, pero sobre todo, la emergencia, en muchos sentidos imprevista, de un difuso y potente movimiento antiglobalización, que se ha expresado con mucha fuerza durante el semestre de la presidencia española de la UE con grandes movilizaciones en Barcelona, Valencia y Madrid y que ha generado una atmósfera muy favorable a la convergencia entre diversas culturas propiciadoras de nuevas relaciones entre el movimiento obrero tradicional y el “movimiento de los movimientos”. Es más, todo el proceso de preparación de la Huelga General ha estado marcado por estas convergencias entre los huelguistas que preparaban el 20 J y los antiglobalización que trabajaban por su gran movilización del 22 J y que, felizmente, ha permitido un espacio común de lucha, esperanza y calor (¡qué calor!), en la ciudad de Sevilla.

Puede parecer paradójico pero no lo es; el Partido Popular y el gobierno de Aznar han venido consolidando su hegemonía política en el estado y en la sociedad hasta el punto de que era bastante previsible una nueva, o casi, mayoría absoluta electoralmente y que el centro del debate político no era otro que descubrir el sucesor que Aznar iba a designar ante su voluntaria salida como jefe del Gobierno.

Para decirlo de otro modo. El PP no ha tenido en éstos últimos años una verdadera oposición política y social. De un lado, el PSOE (Partido Socialista) vive inmerso en una permanente crisis de identidad entre “la tercera vía” de Tony Blair y los viejos principios de la socialdemocracia. La obsesión por el llamado centro político le ha llevado sistemáticamente a intentar ganarle al PP en base a no diferenciarse de él y ser, en la mayoría de las veces, con las llamadas “cuestiones de Estado”, subalterno a sus decisiones políticas, económicas y sociales. Todo ello en un contexto donde las llamadas “políticas antiterroristas” están sirviendo para limitar derechos y libertades y para forzar al resto de las fuerzas políticas a situarse, sin fisuras, al lado del gobierno de Aznar so pena de ser calificado de “blando” o “aliado” objetivo del terrorismo.

De otro lado, Izquierda Unida no ha tenido la fuerza suficiente, ni la capacidad organizativa para protagonizar por sí sola, en este momento, la oposición política y social al Gobierno de la derecha. Se puede decir que el partido que tiene la fuerza (el PSOE) no quiere y que el partido que quiere (IU) no puede.

IU ha seguido defendiendo en estos años, como auténtica oposición real, un proyecto que ha combinado la lucha intransigente por las libertades con el alineamiento, en la medida de lo posible, con las fuerzas sindicales en base a propuestas concretas de un modelo social democrático e igualitario.

Como antes se ha dicho, la paz social ha sido un elemento esencial de la hegemonía política del Partido Popular. Hay que entenderlo bien. No se trata de la supresión del conflicto social por decreto, sino más concretamente, de anular las consecuencias políticas del conflicto social, es decir, separar sustancialmente lo social de lo político. A todo esto hay que añadir que en el último período se había ido produciendo una creciente separación entre CC.OO. y UGT que hacía muy difícil la unidad de acción entre las dos centrales sindicales y que recientemente se había producido una crisis grave en el equipo dirigente de CC.OO.

Todo parece indicar que el gobierno de Aznar había creído llegado el momento para imponer políticas laborales y sociales no consensuadas, pensando, seguramente, que los costos sociales y políticos no serían en este contexto demasiado altos y que los sindicatos terminarían aceptando, con algunos retoques, las medidas del Gobierno o que realizarían una oposición social débil. No hay que olvidar, que el objetivo real de las políticas neoliberales (Aznar en esto ha sido un maestro), pretenden modificar sustancial y duraderamente la sociedad y las relaciones entre lo económico y lo político, transformando las instituciones existentes en funcionales a las nuevas relaciones entre la sociedad y el mercado.

3.- Como antes se indicó la Huelga General ha sido un éxito que ni las manipulaciones del Gobierno ni las mentiras de la patronal pueden disminuir. Los sindicatos, la izquierda social y política ha demostrado, a pesar de las enormes dificultades, una gran capacidad de movilización. Un respaldo social apreciable y una capacidad organizativa especialmente significativa, puesta al servicio de una causa que, al final, una gran parte de la ciudadanía ha hecho suya, compitiendo durísimamente con una estructura de medios de comunicación casi unánime a favor del gobierno y donde la manipulación de las televisiones públicas y privadas llegó a cotas difícilmente superables.

La primera cuestión que habría que explicar con respecto a la Huelga es que ésta ha sido muy dura, en un sentido muy preciso: los poderes económicos y políticos han hecho todo lo posible para que no fuese un éxito. Ésta ha tenido que ir ganándose empresa por empresa, fábrica por fábrica, centro por centro en un trabajo muy militante, la estructura del sindicato ha tenido que realizar un esfuerzo excepcional para implicar a todas las redes de las pequeñas y medianas empresas, de los sectores (como las grandes superficies comerciales), donde la precariedad es mayoritaria y donde el control patronal se ejerce con fuerza.

La Huelga también ha sido más difícil, esto hay que decirlo autocriticamente, porque éstos años de paz social (la última huelga general fue en 1994) han acomodado excesivamente a una parte de la estructura y al propio movimiento sindical y su prestigio ante el conjunto de los trabajadores había ido disminuyendo progresivamente.

En segundo lugar, se ha tratado de una huelga obrera en el sentido fuerte. Han sido los obreros industriales, de la construcción y del transporte los que han formado el grueso de la huelga. Los sectores asalariados del estado en la sanidad y en la educación, no sin dificultades, la han secundado, a lo que habría que añadir como antes se indicó, el carácter dinamizador que, en todo este proceso, ha tenido el movimiento antiglobalización, especialmente por su influencia ideológica en capas medias más radicalizadas que en el último período se habían ido distanciando de los sindicatos y de los partidos de la izquierda. Si exceptuamos Andalucía y Extremadura, se puede decir que las capas sociales medias tradicionales han mostrado un alineamiento bastante explícito con el poder, así como una parte sustancial de los funcionarios públicos.

En tercer lugar, esta Huelga está suponiendo y va a suponer un reforzamiento de la movilización social y una disponibilidad política nueva. De un lado sitúa la política, los deseos y aspiraciones colectivas, en el centro del debate. De otro, abre una agenda nueva en la sociedad en torno al empleo (a su calidad y a su cualidad), y al modelo social entendido como un derecho fundamental que los poderes públicos tienen el deber y la obligación de asegurar.

Esta agenda política y social tan precisa y clara es un instrumento precioso para anudar amplias alianzas políticas y sociales complejas, donde la cuestión juvenil y de género pueden encontrar fórmulas de autonomía y de agregación social enormemente importantes. También es un buen contexto para enlazar cuestiones sociales y cuestiones migratorias en torno a un trabajo digno con protección social plena.

En cuarto lugar, la Huelga, como no puede ser de otra manera, va a tener consecuencias políticas apreciables. El PP difícilmente va a poder seguir con su máscara de centro si sigue enfrentándose a los trabajadores y a sus sindicatos: la tentación, muy fuerte en esta Huelga, de aislar al movimiento obrero organizado de la compleja estructura de nuestra sociedad y especialmente de su extremadamente contradictorio mercado de trabajo, puede perpetuarse en el futuro intentando crear una fractura social entre los que tienen empleo fijo y con derechos y el resto, convenientemente articulado con otras cuestiones que actúan como terreno de demarcación y creación de consenso, nos referimos expresamente a la cuestión de los inmigrantes, a lo que habría que añadir la lucha contra las regiones subsidiadas e improductivas.

En todo esto, el papel que juegue el Partido Socialista va a ser importante. La estrategia del PP de hacerlos responsables de la Huelga General, pretende presentarlos ante los sectores medios, el llamado centro, como una izquierda radicalizada, sabiendo que esto va a asustar no a estas capas sociales sino a la débil dirección del PSOE para situarla así en el terreno que más le interesa al PP: competir ante los poderes fácticos en el sentido bien preciso de demostrar que ambos gestionarían bien sus intereses y encaminar al PSOE a ganarle un centro a base de moderar propuestas y programas olvidándose de los sectores obreros y populares que están soportando el peso y altísimos costos sociales del modelo neoliberal.

Para IU se abre una nueva fase. Su combate en solitario, durante estos últimos años, defendiendo un modelo social alternativo y propiciando el conflicto social ha encontrado aliados especialmente significativos tanto en los nuevos movimientos sociales como en el movimiento obrero tradicional. Con modestia y con coraje vamos a intentar jugar el papel que nos corresponde: servir de puente entre las diversas culturas del archipiélago de las izquierdas, intentando traducir la lucha social en una plataforma política centrada en la paz, la lucha contra el neoliberalismo y sus consecuencias sociales y políticas y apostando descaradamente por un nuevo sujeto político de la izquierda transformadora europea.

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